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Tomar rutas escénicas es pasatiempo favorito durante nuestros viajes en autocaravana pues encontramos experiencias que nos llenan de alegría y motivación.

Este mes pasado nuestro viaje por carretera incluyó pueblos, algunos casi fantasmas, que se encuentran a lo largo de la legendaria Ruta 66, La Carretera Madre (Route 66,The Mother Road.) ¿Nombre que se escucha más ameno en Ingles, verdad?

Comenzamos en Amarillo, Texas viajando hacia el oeste. Pasando Albuquerque, Nuevo México, bajamos por la carretera 53 con dirección a El Malpaís, un monumento nacional que se destaca por su terreno volcánico, su geología y conos de ceniza.  

No había espacios disponibles para acampar así que seguimos el camino. Más adelante vimos anuncios indicando nuestra proximidad a El Morro; otro monumento nacional. Ahí, tras lomita encontramos un campamento idílico, aunque sin servicios de electricidad, agua o drenaje, pero sin costo alguno por la estancia. Nos estacionamos en un espacio rodeado de pinos listos para pasar una noche fría. La autocaravana cuenta con calentador de gas butano y calentador de agua así que eso no es problema. La temperatura esa noche bajó a los 26 grados Fahrenheit.

Cientos de años después de que los pobladores de los pueblos ancestrales (750 – 1300 A.D.) desaparecieran de esta zona, los españoles pasaron por aquí durante sus exploraciones del territorio del nuevo mundo. Antonio de Espejo, guía explorador líder de la expedición a Nuevo México y Arizona (1540 – 1583), escribió en su diario en 1583 el primer dato relacionado con una visita a lo que él llamó El Estanque del Peñol. De ahí en adelante por espacio de doscientos años, llegaron exploradores y colonizadores a refrescarse y descansar. El estanque es un oasis en el desierto y el descanso para muchos. Con el tiempo, los españoles lo llamaron El Morro, que significa un promontorio, o bluff en inglés.

Doscientos sesenta y seis años después de la visita de Espejo, miembros de la armada de los Estados Unidos llegaron para trazar una nueva ruta, atrayendo una ola de pioneros e inmigrantes que formaban parte de la importante expansión americana hacia el oeste.

A través de los siglos, los viajeros dejaron su nombre grabado sobre la piedra. El monumento cuenta con más de dos mil inscripciones.  Nos detuvimos ahí para contemplar esos nombres, algunos más estilizados que otros, y la imaginación voló al igual que los cuervos que circulaban en el cielo azul sin nubes que nos cubría aquel día.

El silencio abrumaba con el eco del viento. No había gente cuando hicimos plática con los nombres del peñol.

Nota: Los grabados están escritos en la roca tal y como los expongo aquí.

Ramon García Jurado emigró a Nuevo México en 1693 y vivió ahí hasta su muerte a los 80 años en 1760. Participó en la fundación de asentamientos en esta región. Es muy probable que andaba en campaña contra los nativos de la tribu Navajo durante su visita en 1709.

“A 25 del mes de Junyo, año de 1709 paso por aquí para Suni – Ramon García Jurado.”

Una de las firmas más notables fue inscrita por el primer gobernador de Nuevo México, Don Juan de Oñate quien en 1604 partió del asentamiento San Gabriel de Yunque-Ouinge, segunda capital Europea en Nuevo México fundada en 1599, con 30 hombres en busca del Mar del Sur; el océano Pacifico. Durante ese viaje llegaron hasta el Golfo de California el cual pensaron era el mar que buscaban por lo tal a su regreso dejó esta inscripción.

“Paso por aq[u]i el adelantado Don Ju[an] de Oñate del descubrimyento de la mar del sur                            a 16 de Abril de 1605.”

Esta no es la primera inscripción de Oñate, pues el 13 de diciembre de 1598 llegó a este lugar viniendo del pueblo de Zuni con un grupo de soldados españoles que viajaban hacia el Rio Grande vía el pueblo de Acoma. Entonces escribió lo siguiente:

“Por aquí pazo el Alferes Don Joseph de Payba Basconzelos el ano (sic) que trujó el Cabildo del Reyno a su costa a 18 de febo de 1726 Anos (sic).”

Basconzelos era miembro del cabildo y quien pagó para que miembros del consejo del cabildo que habían sido expulsados pudieran regresar a la ciudad de Santa Fe. Ellos estaban exiliados en la ciudad de México después de ser expulsados por el gobernador de Nuevo México para esas fechas.

La siguiente insignia hace referencia a el ataque cometido en 1680 por los Indios Pueblo contra los conquistadores. Muchos españoles, hombres, mujeres y niños murieron en estos ataques y el resto huyó a El Paso. En 1692 el recién asignado gobernador de Nuevo México, Don Diego de Vargas reestableció el control de los pueblos.

“Aquí estuvo el Gen[era]l D[o]n D[ieg]o de varg[a]s, q[uie]n Conquisto a n[uest]ra S[ant]a fe Y a la R[ea]l Corona todo el Nuevo México a su costa, Ano (sic) de 1692.”

La Roca de la inscripción, Inscription Rock, es el nombre de este acantilado de arenisca con su estanque, que se nutre con las lluvias de julio y agosto y del agua que proviene de las nevadas. Parte de los 1.2 kilómetros de sendero pasan por enfrente de esta roca ofreciendo la posibilidad de admirar muchas de las firmas y mensajes.   

Cuando visitamos el aire estaba muy fresco y soplaba fuerte como emocionado de vernos. Nos desplazamos 3.2 kilómetros en otro sendero llamado Headland Trail. Este es más complicado pues en partes se camina sobre la roca que ese día estaba parcialmente cubierta con hielo.  Llegamos a la cima, aproximadamente a 74 metros de altura para ver las Kivas del pueblo ancestral de Atsinna que data del siglo catorce de nuestra era. Era impresionante pensar en aquellos pobladores que buscaban refugio en la cima de este acantilado. La vista del territorio desde arriba es imponente.

 Kiva es una habitación circular, excavada en el suelo y usada para celebrar rituales religiosos y eventos comunitarios por las antiguas culturas de los Indios Pueblo. El techo estaba a nivel del suelo y el acceso era por un orificio en su centro bajando por una escalera rustica. Estos pueblos contaban con una plaza central y habitaciones tipo bloques de una planta hechas de adobe.

Escalar vía escalones y rampas nos llevó esfuerzo, y por momentos, me faltaba el aire, pero con calma logramos llegar. Después de ver el hielo sobre las piedras, decidimos regresar por el mismo camino por el que llegamos. Lo importante era ver el pueblo ancestral y lo logramos. Regresamos al lugar del estanque junto a El Morro a despedirnos de aquellas líneas.

Había una inscripción que apenas se podía apreciar, pero el folleto cuenta de una niña de doce años de nombre Sallie, quien viajaba en una caravana de inmigrantes. Todos la llamaban Sallie, pero su verdadero nombre era Sarah Fox. El nombre me impactó pues es el nombre de la bisabuela de mis hijos quien, de niña, junto con sus padres, emigró de Irlanda a México a finales del siglo diecinueve. Me emocionó tanto que escribí un poema para ella en inglés.

Sallie fue herida con una espada durante un ataque de los indios contra la caravana a orillas del Rio Colorado, pero sobrevivió. Pensé en esa jovencita llena de sueños quien tal vez sin entender el porqué de su presencia en este lugar, manifestó su presencia en la roca. El hecho debió ser tan importante para ella que grabo su nombre correcto; Sarah. ¿Por qué perseguir ese sueño a tan alto precio? No se sabe si sus familiares sobrevivieron ni nada más sobre su vida. Todo lo que tenemos es el tiempo que le llevó grabar su nombre, sus líneas y El Morro.

Nos detuvimos en ese espacio entre los trazos imaginando su puño y mano frágil. Pensé en una joven con enaguas largas y botines, pelo rubio y ojos color cielo que entre la penumbra silenciosa se presentaba ante nosotros.

Las sorpresas que encontramos en los viajes no siempre son montañas, lagos o ríos sino seres vivos que dejaron su huella en el camino.

Hablando de poemas, en El Morro se encuentra uno solamente que data de 1629 y está escrito tal como lo anoto.

Aquí (llegó el Señor) y Gobernador

Don Francisco Manuel de Silva Nieto

Que lo imposible tiene ya subjeto

Su brazo indubitable y su balor

Con los carros del Rey Nuestro Señor

Cosa Que solo el puso en este efecto

De Agosto 5 (Mil) Seiscientos Veinte Nueve

Que se Bien a Zuni pasa y la Fe lleve.

Por último les comparto mi poema en Ingles dedicado a Sarah Fox.